A sus 8 años, Eloi Yagüe Jarque salió de Valencia, España, y llegó —el 19 de abril de 1965— a La Guaira, Venezuela. Luego de cinco décadas en las que hizo una vida aquí —se convirtió en periodista, profesor universitario y escritor— retornó a sus raíces buscando juntar los fragmentos que necesitaba de ese espejo opaco que es la memoria.
Luego de una prolífica carrera en Venezuela, Álvaro Paiva-Bimbo —guitarrista, compositor y arreglista— llegó a Los Ángeles con el deseo de entrar a la industria del cine. Luego de no pocos tropiezos, surgió una oportunidad que parecía irreal: lo contrataron como compositor de la película Encanto, de Disney. La misma que luego ganó dos Oscars, uno de ellos a la Mejor Banda Sonora.
A Venezuela, de donde en los últimos años han migrado más de 33 mil médicos en medio de una severa crisis humanitaria, llegó el doctor colombiano David Forero con la ilusión de especializarse, cosa que en su país parecía imposible. Con 24 años, aterrizó en Ciudad Bolívar, en enero de 2016. Seis años después, se empeña en formar nuevas generaciones como una forma de agradecer la acogida que recibió.
Fernanda Espinasa migró en 2014. Aunque evitaba reencontrarse con Venezuela, lo hizo finalmente para cumplir con el deseo de su padre de que sus cenizas descansaran en el Ávila, la enorme montaña que separa a Caracas del mar. Fue un viaje físico y emocional que le permitió ahondar en sus raíces.
María Corina Muskus, abogada egresada de la Universidad Católica Andrés Bello, quería estudiar una maestría en la American University, en Washington. Vendió todo lo que pudo para pagar la parte de la matrícula que no cubría la beca que obtuvo.
Vive en una casa enorme en Las Piedras de Cocollar, un pueblo del sur del estado Sucre, en el oriente venezolano, donde quería envejecer junto a sus familiares. Pero, con el paso del tiempo, algunos murieron y otros migraron.
Al llegar a España, a donde migró al terminar su carrera de letras, José Miguel Ferrer tuvo la ilusión de volver a escribir y así reencontrarse con su vocación de escritor.
La madrugada del 24 de febrero, un estruendo sacó del sueño profundo a Kateryna Palanska, ucraniana de 30 años de edad. Se levantó, revisó las redes sociales y supo que una guerra había comenzado muy cerca de ella: tropas rusas invadían su país. Corrió a despertar a Josias de Lima, ingeniero venezolano de 37, con quien se casó en 2018. Resolvieron salir de Kiev, la ciudad donde habían decidido echar raíces.
A 10 meses de haber migrado a Perú, recibió la noticia de que su madre de crianza había fallecido en Caracas. Desde entonces ha estado al pendiente de sus abuelos, a quienes les ha tocado sortear dificultades en medio de una crisis económica cada vez más acentuada. Por las noches, Pierina Sora le pide a Dios que pronto pueda reencontrarse con ellos.
Vilma Straccia siempre pensó que su abuelo, un italiano de silencios prolongados, no encajaba del todo en su familia, que era tan ruidosa. Sin embargo, siempre sintió afinidad con él. En 2018, cuando ella migró a Ecuador, le prometió que se reencontrarían en la Italia de sus recuerdos. Pero apenas un mes después la llamaron para avisarle que había fallecido. Esta historia obtuvo mención publicación en la 4ta edición del Premio Lo Mejor de Nos.